Las decisiones más difíciles de tomar son las que sabemos que van a resultar dolorosas. Las que aunque a la larga traigan sonrisas y una nueva forma de ver la vida. En el momento crearán más lágrimas de las que evitarán. Pero, hay que ser fuertes y valientes para poder lidiar con ellas.
Hoy he tomado una decisión. Una que quizás debía haber pensado hace mucho tiempo, pero que su ausencia aunque algunas lágrimas, también trajo sonrisas. Muchas. Pero quizás menos de las que quisiera.
Una persona, que para mi ha sido, es y será importante. Alguien que me ha aportado mucho, tanto a la hora de ver cuáles son mis errores como a la hora de ver mis virtudes. Que se ha preocupado cada vez que he hecho alguna locura sin pensar, en la gran mayoría de las ocasiones posible causante de una situación demasiado complicada y peligrosa. El que no ha dejado de intentarlo. Pero que una fuerza mayor a ido apartando poco a poco de mi lado, haciendo que se rindiera antes de un para siempre.
Culpable de que este teclado resbale un poco más a cada letra mientras las lágrimas se van acumulando sobre él. Pero al fin y al cabo una persona que vale su peso en oro. Uno de pocos. De esos que se pueden contar con una sola mano.
Pero esto, no quiere decir ni mucho menos el fin de algo, sino su renovación. Una amistad que espero siga creciendo y sacando sonrisas a ambos lados. Que por muchas lágrimas que hayamos derramado y muchas que derramemos siempre seamos capaces de recordar esto como algo bueno que aportó mucho a nuestras vidas y que nos hizo felices durante un tiempo.
Dicen que no se le puede dar amistad a quien te pide amor. Pero cuando kilometros se entrometen entre un sentimiento, sabiendo que media vida tienes que pasarla así, merece la pena sí, pero la felicidad es algo de lo que todos deberíamos poder disfrutar casi a diario. Cada uno es libre de elegir su camino, pero el mio necesita un descanso para quizás si el destino así lo cree algún día cuando todo sea posible.... Poder revivir lo que un día fue precioso y mágico, pero poco a poco se convirtió en una tortura que cada día no hacía más que recordarme que no podía amanecer arropada junto a la persona que más he querido en este mundo. Evitando que pudiera sonreír, llamar y decir ¿Tomamos un café?
Te quise, te quiero y te querré. Pero tu sonrisa vale más si la amistad consigue que siempre aparezca cuando te despiertas.
Te espero allí donde dicen que la felicidad existe cada vez que abres los ojos.
Puede que algún día no tengas que volver a buscar en el mapa la linea que une a dos personas.

