Páginas

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Frío.

Abro los ojos sobresaltada por la alarma. Me remuevo en la cama pero esta vez despierto sola. Quiero seguir durmiendo, voy a pasar de ir a clase. Mierda, tengo prácticas, hoy no puedo escaquearme...
Me meto en la ducha sin un atisbo de tan siquiera una leve sonrisa, dejando que el agua corra sobre mi piel, acariciándola suavemente. Cierro los ojos e intento relajarme. Tú. Como siempre vienes a mi mente. Abro los ojos de nuevo. Sacudo la cabeza e intento no entretenerme demasiado, no puedo llegar tarde. 
Salgo de la habitación ya vestida y ahí está mi compi desayunando. Al menos así tengo conversación y algo de distracción para esta mañana que tan dura se hace. 
Tras lo mucho que costaba ayer conciliar el sueño, agarrada a ese cojín que lleva la camiseta que has usado de pijama, esa que aún huele a ti, después de dormirme pensando cuan injusto es tener que deshacer y hacer maletas más rápido de lo que desearía, hoy solo podía ser un día un poco mejor, pero no me lo parece. El tiempo parece que se arrastra lentamente cuando volvemos a poner tierra de por medio.
Estoy harta de rogar que el tiempo corra cuando no estoy a tu lado, y aún así no veo otra forma mejor de seguir buscando ese ansiado objetivo que me propuse, que saciando mi sed con el oasis de nuestros encuentros en medio del desierto de esta difícil batalla.

Paseo por esas calles que ahora ya no me parecen tan hermosas. Y es que recorrerlas sin ese abrazo que me envuelve y me reconforta hace que todo tenga otro color. 

El frío ha vuelto a esta ciudad, y estoy segura que en muchos más sentidos de los que me gustaría. 



domingo, 22 de mayo de 2016

Music, love and soul.

Bajón. Esa palabra que usamos para describir cómo nos sentimos cuando nos levantamos sin ganas de hacer nada, pensando en algo que nos preocupa seguramente y sin encontrar la forma de levantar el vuelo de nuevo. 
Resulta difícil cuando sabes que se va a producir un nuevo cambio, algo que no puedes evitar que ocurra y cuyo resultado no te va a gustar para nada. 
A veces me pregunto cómo puedo saber en quien puedo y en quien no puedo confiar. Es tan difícil... Crees conocer a las personas y de repente decepcionan, yo misma fui una de esas personas que te decepcionan, y aquello hizo que cambiase brutalmente en muchos aspectos. Pero qué pasa cuando te hartas de dar y no recibir. No en un sentido material, eso es absurdo. Sino más bien en un sentido emocional. Nunca sabes quien clavará la siguiente puñalada por la espalda. Y eso te hace desconfiar de todo y de todos. Es entonces cuando llega ese cálido abrazo de quien sabes que no te va a fallar. Esos ojos tiernos que te acunan cuando flaqueas. No voy a mentir diciendo que sólo tú me has hecho sentir así. Pero si puedo asegurar que no desearía estar en otro sitio cuando me acoges en tu regazo y me dejas desahogarme sin decir una palabra, sólo escuchando mi desconsolado llanto. 

Nunca se sabe lo que puede depararte el futuro. Por eso es mejor no hacer falsas promesas. Pero es tan difícil no prometer un eterno te quiero cuando sonríes con ternura y me dices y me repites lo guapa que estoy, mientras yo te miro con mi pijama y mi despeinada melena, preguntándome cómo tuve tanta suerte de que te cruzases en mi camino. En el peor momento apareciste en mi vida y aún así salvaste todos los obstáculos sólo por conseguir estar a mi lado. Entonces no lo sabía, pero ibas a ser una de las personas más importantes de mi vida.

Y qué hago cuando no estés aquí para huir corriendo en busca de tu abrazo. Esa es la duda que me invade en pesadillas por las noches.

"Music, love and soul" Son mis tres pilares. Y espero que la clave para superar lo que no esté en tu mano ayudarme a superar. 

jueves, 21 de enero de 2016

Coraje y corazón.

Hoy, como otros muchos días, me he levantado con esas sensación de que algo me oprimía el pecho, una mezcla de agobio y calma quizás. Desde hace bastante tiempo, tengo la sensación de ir siempre a la carrera, siempre por detrás de los demás. Y es probable que sea ese mismo pensamiento el que vaya creando esa carga, que yo sola pongo sobre mis hombros.
Siempre me he considerado una persona capaz de conseguir aquello que se propone, siendo realista, eso si. A veces, nos ponen barreras que es posible que tardemos un tiempo en aprender a saltar, pero al final, siempre se consigue, en ocasiones por uno mismo, y otras con un poco de ayuda.

Ayer me di cuenta de la suerte que tengo. Siempre hay alguien que aunque no pueda ayudarme a saltar la barrera, está al otro lado esperándome con lo brazos abiertos y agua oxigenada para las heridas que el esfuerzo ha ido dejando sobre mi piel.
Otras tantas, me confío, cogiendo menos impulso del que en realidad es necesario para ser capaz de saltar mi obstáculo, y es entonces cuando me estampo de bruces contra la pared, con las consecuencias que eso acarrea. 

Es difícil levantarse cuando en un corto periodo de tiempo pierdes varios intentos de saltar el muro, siempre lo ha sido, y es entonces cuando desolada miro a mi alrededor buscando una alternativa que me lleve al otro lado sin necesidad de saltar. Justo en ese momento, llegan ellos, me colocan una manta por encima, me abrigan del frío invierno que se cierne impasible sobre nosotros. Quizás una taza de chocolate caliente, para terminar de recuperar fuerzas, y me ayudan a tomar impulso. El resto es cosa mía. 

Sortearé todos los obstáculos que se vayan cruzando en este camino de entuertos, y cuando crea que no pueda lograrlo, sé que daré hasta el último aliento, gracias a vosotros. 

"Que nadie, nunca, decida por ti lo que no eres capaz de conseguir".