Hoy, como otros muchos días, me he levantado con esas sensación de que algo me oprimía el pecho, una mezcla de agobio y calma quizás. Desde hace bastante tiempo, tengo la sensación de ir siempre a la carrera, siempre por detrás de los demás. Y es probable que sea ese mismo pensamiento el que vaya creando esa carga, que yo sola pongo sobre mis hombros.
Siempre me he considerado una persona capaz de conseguir aquello que se propone, siendo realista, eso si. A veces, nos ponen barreras que es posible que tardemos un tiempo en aprender a saltar, pero al final, siempre se consigue, en ocasiones por uno mismo, y otras con un poco de ayuda.
Ayer me di cuenta de la suerte que tengo. Siempre hay alguien que aunque no pueda ayudarme a saltar la barrera, está al otro lado esperándome con lo brazos abiertos y agua oxigenada para las heridas que el esfuerzo ha ido dejando sobre mi piel.
Otras tantas, me confío, cogiendo menos impulso del que en realidad es necesario para ser capaz de saltar mi obstáculo, y es entonces cuando me estampo de bruces contra la pared, con las consecuencias que eso acarrea.
Es difícil levantarse cuando en un corto periodo de tiempo pierdes varios intentos de saltar el muro, siempre lo ha sido, y es entonces cuando desolada miro a mi alrededor buscando una alternativa que me lleve al otro lado sin necesidad de saltar. Justo en ese momento, llegan ellos, me colocan una manta por encima, me abrigan del frío invierno que se cierne impasible sobre nosotros. Quizás una taza de chocolate caliente, para terminar de recuperar fuerzas, y me ayudan a tomar impulso. El resto es cosa mía.
Sortearé todos los obstáculos que se vayan cruzando en este camino de entuertos, y cuando crea que no pueda lograrlo, sé que daré hasta el último aliento, gracias a vosotros.
"Que nadie, nunca, decida por ti lo que no eres capaz de conseguir".
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