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lunes, 26 de agosto de 2013

Sin barreras.

  Una barrera. Ganas de tumbarla y dejar que cada una de las emociones que esconde, salgan por fin al exterior. Un paso más cerca. 

 La forma en que aparta los mechones que me caen sobre los lados de la cara, la forma en que es capaz de hacerme reír a carcajadas cuando solo quiero llorar. La manera en que me observa al dormir. Notar mi pulso acelerarse cuando me roza la piel. Perderme en sus miradas. 

Miedo. Ese miedo a ser herida. A que duela tan fuerte que no sea capaz de desahogarme. Creí haber perdido la posibilidad de llegar a alcanzar de nuevo esa sensación. Pero ahí está, haciéndose grande a cada palabra, a cada salto.

¿Confianza y sinceridad? Las mejores claves para asegurar cada pasito.

Las oportunidades están para aprovecharlas. Cada una de las que se ofrecen. Porque de los errores se aprende y no hay que tropezar dos veces con la misma piedra. ¿Es difícil? Para nada. Cuando algo merece la pena, ni si quiera es planteable equivocarse de la misma forma y en el mismo sentido.

Transparente, pero vulnerable. Fuerte, pero alcanzable.

Y dirán que repito las palabras que un día dije, cambiando el destinatario. Error. Las palabras no se miden por las veces que se dicen, sino por las veces en las que son ciertas. Cuando la felicidad de alguien es parte de la tuya, entonces no importa cuantas veces hayas repetido sentimientos, sino las veces que los has demostrado con hechos, sonrisas y detalles.

Alguien me dijo alguna vez, que quien te quiere te hará llorar. Pero señores, si ese llanto es de felicidad es cuando verdaderamente es valioso y no al revés.

¿Conclusión?
Midamos las palabras y los hechos. Pero no dejemos escapar las sonrisas que son sinceras.



domingo, 11 de agosto de 2013

Errores y Soluciones.

A veces no nos damos cuenta de hasta que punto tienen consecuencias los actos en los que somos partícipes. Quizás pensar antes de actuar sea una buena opción. Pero en muchas ocasiones ni si quiera tenemos la calma para detenernos ante una situación no planeada. 

Todos cometemos errores dicen. Pero si esos errores no son únicamente a ti a quien afectan, la cosa cambia. Mucho. 
Cuando tus decisiones afectan a los demás quizás sea porqué precisamente debes pensar, y a continuación decidir como continuar.

Está claro que vivir haciendo lo que nos apetece en cada momento es genial. El caso es que siempre se ha dicho que nuestra libertad termina donde empieza la de la persona que tenemos al lado. Todo comienza a ser confuso a partir de este punto.

Una forma de actuar impulsiva, puede ser genial en muchas ocasiones: Un plan inesperado, locuras repentinas o simplemente darle un giro radical a un día de mierda. Pero también puede acabar metiéndote en  un embrollo del que tú eres la única culpable. 

¿Entonces? ¿Cuál es la mejor forma de actuar? Que alguien me guíe un poco, porque este mundo no hace más que confundirme. 

Si intentas remediar tu error y acabas por meterte en uno más grande, es cuando realmente te bloqueas, te hundes o algo peor, metes en un círculo de odio a gente que ni si quiera lo merece. 

Así que yo, a la única conclusión que llego es: que hagas lo que hagas este mundo es demasiado complicado para que hacer lo correcto o intentar solucionar lo incorrecto sea coser y cantar. 

¿La mejor solución? Aprecia lo que tienes y cuídalo, cualquier día puede desaparecer con una piedra que cae en el sitio equivocado.