Bueno, ya era hora de volver a llenar este pequeño rincón de mi, con nuevos pensamientos.
Después de demasiadas novedades, como siempre, todo vuelve a la normalidad. A las ralladas sin final, en las que no sólo hay una persona, sino unas cuantas más que cada día me sonríen aunque sea en la más lejana de las distancias. A las mañanas tirando el despertador, para que a los 10 minutos vuelva a sonar. A los pensamientos negativos que a lo largo del día se convierten en el mejor día del mundo, gracias a ella.
En las sonrisas más tristes del mundo que en realidad, son totalmente sinceras. En las lágrimas reprimidas que acabaran por posarse sobre el corazón en lugar de sobre el rostro. En todas esas cosas, que reprimimos para evitar dañar a los que nos rodean, sabiendo que al final, acaban por formar una coraza tan dura, que sea difícil que nadie pueda volver a traspasar jamás.
Dicen que no hay que olvidar, que sólo hay que aprender a vivir con un bonito recuerdo de cada cosa hermosa que has vivido. Pero no es sencillo. Olvidar si no se quiere, no se puede. Recordar lo que se quiere, no siempre se puede.
Te das cuenta, hasta en los peores momentos, que SIEMPRE hay quien te consuela, pase lo que pase, duela lo que duela. Y NUNCA, NUNCA te abandona. Y por mucho dolor que te hiciera sufrir, y por mucho que quebrase tu corazón, ahora vuelve, para ayudarte a ponerle pegamento, en vez de enfadarse y apedrearlo con palabras de "te lo dije", "sabias que nadie te iba a querer como yo".
Y es que somos capaces de ver la parte más negativa, incluso cuando es apenas inexistente. ¿porque no jugamos a ver la positiva? Quizás la caída sería mucho peor. He estado en el cielo, en el mismísimo cielo. Pero por eso conozco tan bien el infierno.
Sin ella, nada habría sido posible. Ni los llantos, ni las risas, ni la melancolía, ni la pasión, ni la alegría, ni la tristeza, ni el odio, ni las rabietas de niña de 2 años chillando hasta dejarme la garganta. Porque puede hundirte como nunca, o elevarte como nadie. Sólo hay que saber que escuchar en cada momento, y sobre todo, sentirla. Porque fue lo único que no me abandonó cuando más lo necesitaba.
La música no suena, me atraviesa de parte a parte. La droga que me consume.