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domingo, 11 de marzo de 2012

Let it be

 Cuando las caricias se vuelven necesarias y reaparece el latido histérico del corazón que grita su nombre, ya no hay vuelta atrás. Su presencia te da vida.

 Cerrar los ojos y sentir su voz, susurrándote al oído palabras sin sentido. Que el tiempo se ralentice cada vez que se aleja, y que necesites contar las horas que quedan para volver a su lado.

 El roce de caricias que os lleva a pelear entre las sábanas, por ver quien da el último beso. Dejarse llevar porque te de igual el mañana, porque no te importe dormirte en sus brazos, que te protegen eternamente del miedo. Una media sonrisa que sale de sus labios y  te transporta junto a ellos.

 Si ya no puedes caminar sin su mano sujetando la tuya, entonces... has caído en sus brazos. Admítelo y no tengas miedo. Sólo tienes que dejarte llevar por la brisa que mece las palabras adornadas que te guían por el sendero más hermoso que jamás soñaste recorrer.

 Una larga lista de etcéteras, que sólo te lleva a la conclusión de que la felicidad está escita en su nombre, y aunque no exista cadena perpetua, siempre servirá una larga condena que te ate a sus labios día y noche. Invisible cadena que te ate a la vida.

 Y que nadie diga que lo vuestro es imposible, porque sois vosotros quienes tenéis las cartas del juego, pero la partida no ha hecho más que empezar.

"Quiero beber de tu boca que me hizo renacer y soñar a deshoras con mil y un amaneceres".

"Porque si te pierdo, yo no me encuentro, porque eres parte de todo lo que soy".



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