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miércoles, 9 de enero de 2013

Decisiones.

  ¿Cómo describes un sentimiento? Es difícil, ¿no crees? En contadas ocasiones eres capaz de definir con palabras lo que te hace sentir alguien o algo, esas sensaciones que te ponen la piel de gallina o te crean un escalofrío por la intensidad en la que se expresan, distinta de todo lo que has sentido antes. 

  La libertad, por ejemplo. No es un sentimiento, pero va encadenada a muchos de ellos. Ansiada libertad que todos buscamos. Muchos lucharon por ella. Y muy pocos la hallaron. Pero... ¿cómo definirías la libertad? Freedom. Freheit. Liberdade. Llibertat. Libertà. Liberté. Sí, hay muchas formas de nombrarla, pero no para todos tiene el mismo significado. 
"Hacer lo que te da la gana. Cuando te de la gana." Suele ser la definición más frecuente. Pero en una sociedad en la que no somos conscientes de que no somos dueños de nosotros mismos. ¿Realmente seríamos libres? 
Para un preso, la libertad es salir de la cárcel. Para un niño, desobedecer las normas. Para alguien atado, quitarse las cadenas. ¿Y para un mendigo? 

  No siempre podemos hacer lo que queremos y cuando queremos, ¿pero por ello dejamos a caso de ser libres? Hasta ahí quería llegar. 
  Quizás ahora, con estudios, trabajo o responsabilidades a la vista no consideremos la libertad como nuestra. Aunque muy probablemente también, sea esto lo que en un futuro nos de la libertad de poder elegir. Poder ser dueños de nuestro destino. Y no todo el mundo tiene las mismas oportunidades. 

  Deberíamos aprovechar cada nuevo camino. ¿Qué sería de nosotros si hubiéramos tomado una decisión distinta en algún momento clave? Probablemente no seríamos quienes somos ahora. 

  Cada error, cada acierto y cada paso en falso nos ha llevado hasta donde estamos ahora. Convirtiéndonos en las personas que somos actualmente. El sufrimiento pasado, te enseña lo que duele y eres tu quien decide  volver o no a repetirlo. En muchas ocasiones, merece la pena. En otras, es mejor tomar un camino distinto, que te lleve por una senda diferente. 

  Mis decisiones y, llamémoslo mi destino, me han llevado hasta dónde estoy ahora. Como a todos. Sufres, ríes y lloras. Pero no puedes culpar a nadie de tus propias decisiones. 
¿La más difícil? Sin duda, alejarme de mi hogar, del lugar donde están las personas que me trajeron a este mundo, y un "pequeño" niño que resulta ser quien más se ha preocupado por mi sin yo saberlo, mi hermano. 
Pero a cambio, acercarme a gente que también me quiere, no de la misma manera. Quién no ha escuchado la típica frase "Como tu madre y tu padre nadie te va a querer". 
Una vida distinta de todo lo que había experimentado antes. Sin nadie que me diga lo que debo o no debo hacer. Y sobre todo sin nadie a quien echarle la culpa cuando me equivoco. Porque aciertas y fallas tu misma. 
Echas de menos tantas cosas, y a la vez disfrutas con tantas otras. Son pros y contras. Siempre. Con cada decisión. Valoras mucho más que eso. 

  Hoy puedo decir. Que soy feliz, aún a sabiendas que no tengo a todas las personas que quisiera a mi alrededor. 
  Y es que... ¿A caso existe la felicidad completa? Dímelo tú. 

La vida está llena de decisiones. 
Pero las verdaderamente difíciles las tomamos  solos.



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