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martes, 28 de enero de 2014

Sensaciones.

Es curioso cómo pueden cambiar tu entorno y tus manías en un instante. Como alguien es capaz de modificar cada uno de tus movimientos con tan sólo una mirada. Esas veces que una caricia significa mucho más de lo que en realidad puede parecer a simple vista. 

En una ocasión pude comprobar eso que dicen. El mundo, detenerse un pequeño instante. ¿Os ha ocurrido? Es maravilloso. 

Es increíble seguir percibiendo después del boom inicial, cómo tus latidos siguen acelerándose, y tu respiración sigo cortándose con un insignificante roce de esos dedos en tu cintura. Y los pequeños detalles, esos son los mejores, los inesperados. 

Discutir y dejar de hablar. Y cuando se pasa eso del orgullo, darte la vuelta y correr en busca de un abrazo y algunos mimos. 

Saber que podrías estar en cualquier sitio, pero que sin duda alguna, sabes perfectamente en cuál te encuentras más a gusto. 
Y que alguien me diga que la risa no es la mejor medicina a los problemas que nos abordan día a día. Y tener a quién sepa perfectamente dónde encontrarla, es sin duda ser afortunada.


Si esto fue un error, puedo asegurarle a cualquiera, que volvería a cometerlo una y otra vez. 

domingo, 3 de noviembre de 2013

Llenando maletas de recuerdos.

Me pasaré la vida llenando maletas de recuerdos. 

Cada vez que deshago una maleta al llegar a casa, van surgiendo cada una de las sonrisas que ese viaje me haya brindado, ya sean tristes y de ojos cansados o felices y de brillo en ellos. 
Esa sensación al preparar la maleta cuando comienza tu viaje, esa emoción y esas ganas de que todos los planes salgan bien. Poner música y comenzar a rellenar huecos como si fueran las piezas de un puzzle. 

¿Euforia? Sí quizás podríamos llamar así a esa sensación, acelerar cada paso y correr al llegar a la estación con unas ganas locas de aprovechar al máximo cada segundo. 

¿Pero qué pasa cuando la maleta se rehace, con las nuevas sensaciones? Esa no mola tanto ¿¡eh?! 
Porque cuando antes corrías a rellenar huecos, ahora te ralentizas mientras vas colocando con cuidado cada prenda. Arrastrar con parsimonia la maleta y los bultos hacia la estación, que al principio te parecía el mejor sitio del mundo, y en ese instante, te recuerda al lugar más horrible del planeta. El mismo que días atrás te traía sonrisas, ahora solo te brinda lágrimas e impotencia de no poder cambiar un destino que parece escrito previamente. 

Un lugar tan simple como una estación. Que encierra entre sus paredes, miles de historias. Unas tristes y otras felices, pero al fin y al cabo, siempre nos vamos a quedar con la idea que en ese momento pueble nuestra mente. Si estamos tristes, la mala, la melancólica. Pero por el contrario, con el sentimiento opuesto, la buena, la del reencuentro. 

¿Qué pretendo decir con todo esta reflexión? 

Pues joder, ¿qué voy a querer decir?

LA VIDA ES DEL COLOR QUE TU QUIERAS PONERLE.

¿Quieres ser feliz? LUCHA POR CONSEGUIRLO, LAS COSAS NO LLEGAN SOLAS. 

¿No quieres? Abre la ventana, el día será todo lo oscuro y gris que tú quieras. 

Yo me quedaré con los recuerdos. Que cuando el día se vuelva gris, lo tornarán soleado. 

domingo, 13 de octubre de 2013

En vela

¿Porqué será que por la noche es cuando más vueltas le damos a las cosas? 

Días en los que te da el bajón, es en esos cuando más apetece escribir y desahogarte con cada palabra. A veces plantearse el futuro es un error porque nos dedicamos a buscar la felicidad próximamente y no aquí y ahora que es cuando verdaderamente tenemos que hacerlo. VIVE JODER, VIVE. 

Todos los días tenemos mil motivos para tirar la toalla en cada cosa que nos proponemos. El mundo no es que esté en contra de que consigas tus objetivos y tus sueños, no. Lo que ocurre es que las trabas y las putadas pretenden eliminar del camino a aquellos que no ansían lo suficiente sus metas. Si de verdad quieres algo, no vas a sentarte a esperar como cae del cielo. Eso, solo pasa en las películas y muy de vez en cuando a algún tonto con suerte. Si de verdad te propones conseguir algo, vas a luchar por ello, créeme que sí. Y si no es así, quizás deberías plantearte si es eso realmente lo que quieres. 

En mi mundo las cosas no son sencillas, las personas son malas o buenas, nunca sabré cual es la verdadera naturaleza de cada uno, pero el caso es: NO RENDIRSE NUNCA. Te van a patear, te van a empujar, te van a hacer sentir la persona más inútil o subnormal del mundo. Nunca tienes la razón y nunca la vas a tener. ¿No? Ese es el juego. ¿Pues sabéis que os digo? 
Conmigo, estáis muy equivocados. 

Hundirme no es palabra posible dentro de mi vocabulario. Rendirme, ni me lo planteo. Y como no, llorar, por supuesto que lloro, pero por cada lágrima que brote de estos ojos os aseguro que se añade una piedra a la fortaleza de mi mente. 

¿Algún motivo para este escrito? Las noches son demasiado aburridas y yo hoy, no tengo sueño

martes, 1 de octubre de 2013

Una de ralladas por favor.

  A veces me gusta volver por este rinconcito y releer todas y cada una de las palabras que han ido rellenando este pequeño espacio que tanto dice de mí. 
  Y es que cualquiera que me conozca sabe que esto no son solo escritos, si no más bien una forma de conocerme mucho más a fondo. Quizás no sea la mejor forma de desahogarme y mostrar cada una de las sensaciones que he experimentado, pero a veces compartirlas puede crear un vínculo con alguien que ni si quiera te conoce y hacerle sentir bien sabiendo que no está solo. Que todos hemos sufrido más o menos aún que haya sido por razones bien distintas unas de otras.

¿Los colores de los textos significan algo? Sí. El verde, quiere decir esperanza. El azul, calma. El naranja son simplemente comeduras de tarro. Y el rojo... en fin... el rojo es demasiado complejo para definirlo.

Hoy, como cada vez que escribo, he estado dándole vueltas a algunas de las cosas que me quitan el sueño. ¿Es justo tener que echar de menos a alguien? ¿La gente cambia? Yo misma, ¿he cambiado? Pues bien:

¿Justo? Definamos justicia. ¿Se puede? Yo creo que realmente, no. Para cada persona justicia significa cosas diferentes aunque no lo queramos creer así. 
En mi casa justo es que la mesa se ponga entre todos, porque cada uno se esfuerza en sus tareas y todos tenemos el mismo derecho a descansar tirados en el sofá. Justicia sería repartir a cada uno lo que se merece, pero cómo podemos definir algo tan abstracto como medir qué y porqué mereces algo. 
Sin irme más lejos, la pregunta planteada: ¿Es justo tener que echar de menos a alguien? A lo que planteo otra pregunta más, ¿es justa la distancia entre dos personas? Pues bien, desde mi punto de vista, es imposible estar siempre con las personas que necesitas cerca, eso precisamente es lo que nos hace fuertes, poder soportar situaciones de ese estilo. No sé si es o no justo, pero desde mi punto de vista, lo que es es una PUTA BASURA. Pero la vida, la misma vida va a llevarnos hasta el punto de echar de menos a alguien que no es que esté lejos, es que no está. Quizás la distancia sea pues una forma de preparanos para lo que está por llegar. 

Otra cuestión: ¿La gente cambia?
Pues sí, por supuesto que cambia. Pero no son las personas las que deciden cambiar por si solas. Son las distintas etapas y sus respectivas circunstancias aquellas que van moldeando nuestra forma de ser y por tanto a su vez la de las personas cercanas a nosotros. 

Y por último: Yo misma, ¿he cambiado?
Tal y como he dicho antes, las distintas circunstancias y etapas van moldeando la personalidad y la forma de ser de cada uno, incluida por lo tanto, la mía. Quizás vivir fuera de casa, conocer gente nueva, entender nuevas maneras de pensar, escuchar distintas opiniones, el miedo a perder algo o a alguien,  o una cosa tan simple como vivir situaciones difíciles por el hecho de no tener todo el apoyo que unos padres pueden ofrecerte... Eso, es lo que a mi me ha hecho cambiar. 

Y después de todo este pedazo de rollo que os acabo de soltar, que agradeceré a quien haya llegado hasta aquí leyendo, sólo añado una última cosa. 
El mundo es demasiado complejo como para entenderlo y las personas lo son más aún. Así que disfruta, mañana podría ser la última vez que ves el Sol asomar desde tu ventana.






lunes, 26 de agosto de 2013

Sin barreras.

  Una barrera. Ganas de tumbarla y dejar que cada una de las emociones que esconde, salgan por fin al exterior. Un paso más cerca. 

 La forma en que aparta los mechones que me caen sobre los lados de la cara, la forma en que es capaz de hacerme reír a carcajadas cuando solo quiero llorar. La manera en que me observa al dormir. Notar mi pulso acelerarse cuando me roza la piel. Perderme en sus miradas. 

Miedo. Ese miedo a ser herida. A que duela tan fuerte que no sea capaz de desahogarme. Creí haber perdido la posibilidad de llegar a alcanzar de nuevo esa sensación. Pero ahí está, haciéndose grande a cada palabra, a cada salto.

¿Confianza y sinceridad? Las mejores claves para asegurar cada pasito.

Las oportunidades están para aprovecharlas. Cada una de las que se ofrecen. Porque de los errores se aprende y no hay que tropezar dos veces con la misma piedra. ¿Es difícil? Para nada. Cuando algo merece la pena, ni si quiera es planteable equivocarse de la misma forma y en el mismo sentido.

Transparente, pero vulnerable. Fuerte, pero alcanzable.

Y dirán que repito las palabras que un día dije, cambiando el destinatario. Error. Las palabras no se miden por las veces que se dicen, sino por las veces en las que son ciertas. Cuando la felicidad de alguien es parte de la tuya, entonces no importa cuantas veces hayas repetido sentimientos, sino las veces que los has demostrado con hechos, sonrisas y detalles.

Alguien me dijo alguna vez, que quien te quiere te hará llorar. Pero señores, si ese llanto es de felicidad es cuando verdaderamente es valioso y no al revés.

¿Conclusión?
Midamos las palabras y los hechos. Pero no dejemos escapar las sonrisas que son sinceras.