A veces me gusta volver por este rinconcito y releer todas y cada una de las palabras que han ido rellenando este pequeño espacio que tanto dice de mí.
Y es que cualquiera que me conozca sabe que esto no son solo escritos, si no más bien una forma de conocerme mucho más a fondo. Quizás no sea la mejor forma de desahogarme y mostrar cada una de las sensaciones que he experimentado, pero a veces compartirlas puede crear un vínculo con alguien que ni si quiera te conoce y hacerle sentir bien sabiendo que no está solo. Que todos hemos sufrido más o menos aún que haya sido por razones bien distintas unas de otras.
¿Los colores de los textos significan algo? Sí. El verde, quiere decir esperanza. El azul, calma. El naranja son simplemente comeduras de tarro. Y el rojo... en fin... el rojo es demasiado complejo para definirlo.
Hoy, como cada vez que escribo, he estado dándole vueltas a algunas de las cosas que me quitan el sueño. ¿Es justo tener que echar de menos a alguien? ¿La gente cambia? Yo misma, ¿he cambiado? Pues bien:
¿Justo? Definamos justicia. ¿Se puede? Yo creo que realmente, no. Para cada persona justicia significa cosas diferentes aunque no lo queramos creer así.
En mi casa justo es que la mesa se ponga entre todos, porque cada uno se esfuerza en sus tareas y todos tenemos el mismo derecho a descansar tirados en el sofá. Justicia sería repartir a cada uno lo que se merece, pero cómo podemos definir algo tan abstracto como medir qué y porqué mereces algo.
Sin irme más lejos, la pregunta planteada: ¿Es justo tener que echar de menos a alguien? A lo que planteo otra pregunta más, ¿es justa la distancia entre dos personas? Pues bien, desde mi punto de vista, es imposible estar siempre con las personas que necesitas cerca, eso precisamente es lo que nos hace fuertes, poder soportar situaciones de ese estilo. No sé si es o no justo, pero desde mi punto de vista, lo que es es una PUTA BASURA. Pero la vida, la misma vida va a llevarnos hasta el punto de echar de menos a alguien que no es que esté lejos, es que no está. Quizás la distancia sea pues una forma de preparanos para lo que está por llegar.
Otra cuestión: ¿La gente cambia?
Pues sí, por supuesto que cambia. Pero no son las personas las que deciden cambiar por si solas. Son las distintas etapas y sus respectivas circunstancias aquellas que van moldeando nuestra forma de ser y por tanto a su vez la de las personas cercanas a nosotros.
Y por último: Yo misma, ¿he cambiado?
Tal y como he dicho antes, las distintas circunstancias y etapas van moldeando la personalidad y la forma de ser de cada uno, incluida por lo tanto, la mía. Quizás vivir fuera de casa, conocer gente nueva, entender nuevas maneras de pensar, escuchar distintas opiniones, el miedo a perder algo o a alguien, o una cosa tan simple como vivir situaciones difíciles por el hecho de no tener todo el apoyo que unos padres pueden ofrecerte... Eso, es lo que a mi me ha hecho cambiar.
Y después de todo este pedazo de rollo que os acabo de soltar, que agradeceré a quien haya llegado hasta aquí leyendo, sólo añado una última cosa.
El mundo es demasiado complejo como para entenderlo y las personas lo son más aún. Así que disfruta, mañana podría ser la última vez que ves el Sol asomar desde tu ventana.